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Hogar

Tenía tantas ganas de volver a casa, visitar mi barrio y estar con los míos, que me pasé tres largas noches en vela; y cuando llegué, sólo encontré ruinas, mi antigua casa se había vuelto cenizas, de lejos podían verse los fósiles y restos de personas a las que, para identificarla, era necesaria una exhaustiva prueba de ADN.

Algunos de los que sobrevivieron, los había perdido la pista, decidieron huir y dejar atrás aquel barrio maldito, asolado y devastado; completamente marcado por el terror, la desolación y el desconsuelo, de una lucha cruel sin revancha.

Mis amigos del vermut, aquellas risas mañaneras de mientras nos tomamos el café; aquel run run del telefonillo sonando sin parar, invitandome a un botellin, una caña o vaya usted a saber.

A cada cual su ocurrencia, cada trago de cerveza, tenía como recompensa una enorme carcajada, que podría escucharse hasta en el centro de la ciudad. Sí, como lo oyes, “hasta el centro” porque en ocasiones, parecía ser que me tragaba el micrófono.

Tapas, risas, cañas, sin pasar por alto los cubatas, a ser posible de vodka con limón, y “cuidado que la niña te hace la croqueta si va un poco pasada de rosca” decía sonriente mi gran amiga Piluchi.

Mi barrio ya no es lo que era, a perdido su encanto, muchos se han ido lejos, —yo la primera—; otros han emprendido su viaje de ida, sin billete de vuelta…, jamás volveremos a vernos, se quedan en nuestro recuerdo y sólo nos queda decirles que “hasta siempre” y que descansen en paz.

2 comentarios en “Hogar”

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